Con la Revolución industrial, los tejedores ingleses, antiguos artesanos, se organizaron en cofradías o hermandades que tomaban el modelo de los gremios medievales. Estas cofradías agrupaban a trabajadores que se asociaban para brindarse ayuda mutua. Aunque este movimiento no cuestionaba la industrialización,
sino que reclamaba mejoras en las condiciones laborales, las primeras
manifestaciones del movimiento obrero se plasmaron en el ludismo:
la destrucción de máquinas, a las cuales se las responsabilizaba de la
pérdida de la capacidad adquisitiva del pequeño artesano. Éste término
proviene del personaje ficticio (Capitán Ludd) que firmaba las cartas
que defendían a los obreros, y les daba orden de destrozar las máquinas,
e incluso asesinar al propietario de la fábrica. A medida que los obreros
tomaron conciencia de que no era la máquina su enemiga sino el uso que
de esta se hacía, fue cuando comenzaron a dirigir sus quejas a los
empresarios con criterios contemporáneos (exigencias de mejoras
salariales, de jornada y de condiciones de trabajo y métodos como la huelga). A partir de entonces nacieron las Trade Unions, el sindicalismo entendido como un movimiento de resistencia contra el capitalismo.
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